Lipovetsky describe la sociedad posmoderna como un entorno dominado por el individualismo ligero, la sed de experiencias inmediatas y la pérdida de grandes narrativas colectivas. El “vacío” no significa ausencia total, sino una vida marcada por lo efímero, la moda cambiante y las identidades flexibles. Analiza fenómenos como el consumismo emocional, la superficialidad afectiva, la autonomía personal, la apatía política y la cultura de la seducción. Su mirada no es pesimista, sino analítica: busca comprender por qué las personas buscan gratificación instantánea más que compromisos duraderos. El libro ofrece una radiografía precisa del espíritu contemporáneo, donde la libertad individual convive con la sensación de desorientación. Lipovetsky muestra que la ligereza posmoderna transforma relaciones, valores y deseos, y explica cómo esta sensibilidad permea desde la publicidad hasta la vida íntima.